A medida que Andy se sumergió más en el mundo de la moda, comenzó a darse cuenta de que la frase de Miranda tenía mucho sentido. La industria de la moda era un entorno despiadado, donde la gente hacía cualquier cosa para tener éxito. Los diseñadores, los modelos, los fotógrafos... todos estaban dispuestos a hacer sacrificios para estar en la cima.