La fortaleza en sí es un laberinto de cámaras y pasillos, cada uno diseñado para evocar una respuesta diferente en aquellos que lo atraviesan. Desde la cámara de los espejos, donde las imágenes reflejan no solo el exterior, sino también el interior de cada visitante, hasta el jardín de las sombras, donde las plantas susurran secretos a aquellos que se acercan, cada detalle ha sido cuidadosamente planeado para guiar al visitante a través de un viaje de autodescubrimiento.